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Quién no ha estado enamorado alguna vez? Cuántas veces nos dijeron que sí, y otras veces nos dijeron "¡vete al carajo, mostro!" Y cuántas veces tuvimos el amor en nuestras manos y nos dijeron adiós por cojudos? No la supimos hacer... fuímos testarudos y se te fué la vida con esa chica a la que solo no querías meterle la pinga hasta el fondo, sino que también la amaste, te encariñaste con ella, e incluso a veces idolatraste, y hoy sólo te queda meterte un trago por las mañanas y otros tragos por las noches, y tus amigos no sirven ni pa limpiarte el culo con ellos ya que nada importa, ya que estás muerto en vida.
Pues yo tenía a una negrita bien linda, de esas que caen del cielo con la lluvia y unoa las recoge y se las lleva a su jato. Pero ésta negra, que llamaremos La Negra se cansó de las pendejadas mundanas, terrenales, rutinas y huevadas exageradas, excesos, desatinos, errores, ojos rojos y escazes de vida en mí, un muchacho con la cabeza gacha, con mil confusiones en la mitra.
Se alejó de mí tras ocho años de puro amor y mil excesos, y 3 años de venidas a menos en todo aspecto. La vida se me vino abajo cuando La Negra se fué de mi lado, me prometió su amistad incansable y su apoyo exhaustivo cuando vinieran las vacas flacas, pero nada de eso me llenaba como tocar con mis dedos toscos sus labios rosaditos y húmedos, ahora distantes.
Y ví en los días siguientes el semblante mirón de la tristeza, y conocí en las siguientes semanas el sentimiento atroz del desamor como una hemorragia interna, y una noche planeé mandarmele una vez más, por décima vez en las últimas semanas, pero no aceptaría un "no" por respuesta. La cité por teléfono en el parque de siempre, solitario y cómplice de nuestros tragos y lenguetazos; alisté mi mochila con cosas de ferretería por si saltase un no a su boca y me lo escupiera nuevamente.
A la mañana siguiente la encontré puntual en el parque verde y soleado, me intimidaba su belleza, que se había incrementado por la pérdida de su ser junto al mío. La saludé con un beso en la mejilla y fuí directo al grano, su cara de impaciencia y hastío me reprobaban una vez más, y mi camisa de franela arrugada no ayudaba a la buena presencia, debí haberme peinado ese día, estaba resaqueado, esa madrugada planeé todo junto a mi botella leal.
Intenté agarrarle la pierna como en los viejos tiempos y me rechazó, me volteó la cara cuando insinué besarla y eran para mí como fierrazos en los huesos y esputos en la cara. No pude más y le dije "está bien mi Negra" quiero darte un último adios con un regalo que te traje, y ella respondió con diarrea en la boca "apúrate porfa que tengo que ir a chambear" Cerré los ojos mientras abría mi mochila y no me creía yo mismo lo que iba a hacer, cogí una llave inglesa del fondo y abrí los ojos, la miré con vida por última vez y le destrozé la sien golpeándola con la herramienta, y su grito opaco se perdió en la inmensidad del parque y los rayos del sol que trepanaban todo, cayó al suelo, frágil, femenina, y me levanté a besarla pero solo le pude dar otro fierrazo en la cabeza, ella inconsciente al par de minutos de golpes no gritaba más y yo paré la masacre, tiré el arma homicida y lloré en su regazo como solía tratarme con cuidado, con dulzura. La amé más que nunca y la llevé a mi carro, parqueado a media cuadra. La llevé a casa, y la metí a la bañera, llena de agua, lista, como adivinando su negativa matinal, la limpié por horas como si fuera un ángel. La vestí cuidadosamente y la encerré en mi closet.
Hay noches en que lloro lo sucedido, hay mañanas en que tomo solo mirando el techo, al despertar, pero ahora la tengo a mi lado, a dos metros de mi cama, pudriéndose, penando, haciendo ruídos en mi cabeza en las madrugadas, en mis sueños sale del closet y se mete en mi cama a tener un sexo lento y romántico. Soy feliz nuevamente, no me importa nada más, no importa el hedor, para mía huele a Negrita linda, huele a angelito bañado en almíbar... huele a amor, nunca mas nos separaremos mi Negrita.