
Esta mañana me levanté con resaca, me senté en la cama y recordé haber soñado con ella, en mi sueño me miraba, se reía de mis bromas y caminaba conmigo. Me quería. Por alguna razón me puse triste, amargo, cerré la puerta con violencia y lloré. Supe que estaba borracho aun. Abrí el escondite y bebí trago tras trago hasta quedar mas triste aun.
Mi viejo me invito a almorzar y le dije que tenia dolor de panza, le colgué y me sumí en una depresión terrible. No lo veía hace una semana y lo choteé, lo cagué, soy una mierda de hijo.
No sé como levantarme. Es duro mirar mas allá de estas paredes. Un trago mas, eso me ayudara a calmarme. Saqué un bisturí del cajón y corte mi pecho suavemente. El dolor se escapa, se libera, me siento mejor. Me tiré en la cama a mirar el techo botella en mano y mande todo a la mierda, pensé en la gente caminando afuera con tremendo sol, todo lindo, verano, las chicas cagandose de risa, los muchachos fumando y hablando de fútbol, los cobradores de combi chambeando, todos trabajando, todos riendo, todos besándose, todos viviendo. Y me sentí la única mierda que moría.
Me puse las zapatillas y salí a la calle a desgraciar la felicidad, dispuesto a matar la ilusión. Nadie debería sonreír sintiéndome yo tan infeliz.
Era un mediodía caluroso, con sol blanco, enceguecedor, las calles estaban limpias, las personas eran la basura que las ensuciaba. Camine sin rumbo, mirando a toda la gente. Afuera de un instituto estaban agolpados muchos jóvenes, se empujaban y reían dando aplausos como primates. Apresuré el paso, boté una lágrima. De un restaurante salia la música de "te clavo la sombrilla". Emanaba sangre de la pista, eran gotas rojas como las de la panza del hipopótamo. Bajé la cabeza y manos en los bolsillos, me alejé.
Vi sentados en una banca a una enfermera y un anciano. Los amé.
Los ciclistas pasaban por mi costado a velocidad, los miraba con odio, quería enfrentarmeles.
Un chico y una chica se besaban como si fuera el fin del mundo, sus lenguas no tenían espacio y salían de sus bocas. Frené el paso y los mire un rato. Pensé en nuestras lenguas. Te amaba.
Para cuando notaron mi presencia, me miraron como se mira a un loco de la calle. No lo soy, solo te extrañaba. Me acerqué y el muchacho se puso de pie. Tal vez quiso amilanarme de arranque y me dijo "que chucha quieres?" Le di un cabezazo en la cara y se desplomó sangrante. La chica soltó un grito largo y me miro a los ojos. Quedo inmóvil.
"Quiero la chucha de esta perra"
La tomé de los cabellos y azoté su cabeza contra el suelo varias veces hasta que su cara dejo de ser linda, no gritaba pero balbuceaba algo, creo que decía "basta", tal vez pedía ayuda, la mordí en las mejillas y la destrozé. El muchacho se levantaba pero no sabia si huir o enfrentarme. Me acerque rápidamente pero corrió y huyó.
La chica a mi merced hablando con sangre en la garganta miraba al cielo con un ojo entreabierto. Tome una piedra grande del parque y le rompí cada hueso en mil pedazos. La odiaba, odiaba su amor, su felicidad, odiaba su ilusión. La gente caminaba cerca, no les importaba, solo querían fumar y reír, tal vez hablar de fútbol.
Seguí azotándola con la roca por las piernas y la deje hecha un trapo. No satisfecho, quise cortarla, desmembrarla, pero no tenia con que hacerlo. Le subí la falda y mordí su concha sin bajarle el calzón, se la arranque con calzón y escupí la carne muerta. Yacía en el suelo torcida, el cuerpo amorfo, roja, tal vez morada. Miraba el cielo y su boca entreabierta mostraba dientes partidos por la mitad. Empecé el retorno a casa, estaba exhausto. Volteé a verla, pensé en la paz y la tristeza. Regresé, la tome de los cabellos y azoté su cabeza contra el cemento unas veces mas. Grite descontroladamente, lloré desconsoladamente mientras lo hacía. Levanté su cuerpo en mis brazos y la tiré a la pista para que los autos la pisen eternamente. Sus huesos rotos empujaban sus carnes en puntas.
La observe bajo el sol blanco, tirada en media pista. Un par de combis pasaron sobre ella, dio unas vueltas, un brazo quedo arrancado y el resto de ella dio vueltas. Regrese a casa mirando el piso con tristeza, te necesitaba.
Nada puedo hacer para que dejes de ser un recuerdo y te conviertas en olvido.